Algunas personas creen que el “llamado misionero” es algo mágico, otras creen que es algo aterrador, y hay quien lo ve como una gran responsabilidad. Algunos desearían haber sido llamados a las misiones, mientras que otros huyen de este gran llamado.
En mi caso, cuando yo me convertí me apasioné por Jesús y le entregué, no solo mi corazón; sino toda mi vida, mis planes, anhelos y sueños. Lo invité a ser el señor de todo mí ser. Mi llamado fue un proceso donde cada día yo permitía y experimentaba la dirección de Dios para mi vida, y él fue abriendo puertas hasta que en tendí que su diseño divino para mí, y mi respuesta fue “Heme aquí”.
Me convertí a los 20 años. 11 años después estaba pisando por primera vez el suelo peruano, desde donde estoy sirviendo al Señor, junto con mi familia, hace 25 años. Al pensar en esto, puedo retroceder en el tiempo hasta cuando apenas era un joven cuyo corazón ardía para servir al Señor. No dudé en dejar todo para aprovechar la oportunidad de ser enviado al Seminario (IBAD-Pindamonhangaba, Sao Paulo) para formarme como Pastor. Dejar todo e ir a otra cuidad para estudiar en el Seminario Bíblico fue el primer paso para experimentar la dirección necesaria de Dios para cumplir mi llamado. En el seminario conocí a Martha (mi esposa) y veo que ella fue un regalo de Dios para mi vida, y mi gran compañera en el ministerio.

El seminario daba un fuerte énfasis a las misiones. Todos los viernes, en la “Noche Misionera”, Dios traía cada vez más convicción sobre nuestro llamado. Después de casados, cuando faltaban solo dos semanas para que nuestro hijo Lucas naciera (nov – 1988), en un paso de fe, participé en un Conferencia Misionera en Sao Paulo (14 horas en bus desde donde vivíamos) y allí Dios me habló de una forma clara. Desde ese momento, junto con mi esposa decidimos dejarlo todo para atender a este llamado.
EL LLAMADO MISIONERO NO ES UN CUENTO DE HADAS, DONDE CON UNA VARITA MÁGICA TODO SE REALIZA, NOSOTROS TUVIMOS QUE LUCHAR POR NUESTRO LLAMADO, YA QUE EN ESA ÉPOCA LA VISIÓN MISIONERA DE IGLESIAS ERA MUY POBRE.
Empezamos a vender todas las cosas que teníamos para realizar una conferencia misionera en la iglesia, pues entendíamos que el misionero debía ser enviado por su iglesia y deseábamos que nuestro pastor tuviese también una visión misionera.
ERAMOS UN MATRIMONIO JOVEN, CON UN HIJO DE MENOS DE DOS AÑOS. MUCHOS PENSABAN QUE ESTÁBAMOS MUY ENAMORADOS DE DIOS Y TENÍAMOS UN PROFUNDO DESEO DE CUMPLIR SU LLAMADO.
Lo más difícil para nosotros fue tener que dejar a nuestra familia; sin embargo, el llamado de Dios fue más fuerte que todo. “Yo oí la voz del Señor que decía << ¿A quién enviaré y quién irá por nosotros? >>. Yo respondí: << ¡Aquí estoy: envíame!>> Is 6:8.
Después de todos los preparativos, después del entrenamiento transcultural en la Misión Kairós, y de recibir la bendición de la iglesia, en el 2 de diciembre de 1990, juntamente con tres jóvenes que vivirían con nosotros, arribamos a la ciudad de Lima. ¡Mi esposa y yo habíamos esperado tanto ese gran día! Nos preguntábamos qué era lo que Dios nos había preparado en este nuevo lugar. Hoy, después de 25 años, y de unir los puntos del presente hacia el pasado, vemos cómo Dios dirigió todo en nuestra vida y cómo sus pensamientos son más grandes y profundos que los nuestros. Es muchísimo mejor que caminar en los pensamientos de Dios
